BOLETIN No. 18 | Vuelve a Boletines Bañados del Este





Año 7 - Nº 18 - OCTUBRE DE 2000
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EDITORIAL

El concepto de Reserva de Biosfera en el Uruguay:
el desarrollo sustentable como respuesta necesaria


Una Reserva de Biosfera es una zona terrestre o una zona costera o marina, con su población humana (que es indisociable), gestionada en la perspectiva de objetivos que van desde la protección integral a la producción intensiva pero perdurable.

De acuerdo con la Estrategia de Sevilla (noviembre de 1995): "las Reservas de Biosfera son lugares donde se ensaya, afina, aplica y divulga este objetivo".

En el año 2000, existen 368 Reservas de Biosfera reconocidas en el plano internacional como tales en el marco del Programa sobre el Hombre y la Biosfera (MAB) de la UNESCO, distribuidas en 91 países en los cinco continentes, las cuales ocupan una superficie de 260 millones de hectáreas.

Como ha sido dicho, una de las mayores virtudes del concepto de Reserva de Biosfera reside en la flexibilidad y la creatividad con que se ha aplicado en las situaciones más variadas. Esas cualidades son de particular importancia para el necesario ajuste del concepto de Reserva de Biosfera en el Uruguay, país que posee desde el punto de vista ambiental y cultural características muy singulares, tal vez únicas.

Somos culturalmente un pueblo transplantado, básicamente de raíz europea, que se desarrolló en sus orígenes entre una vasta vaquería interior y una capital portuaria mirando al Atlántico.

Hemos ocupado el territorio en su casi totalidad –más del 90% de la superficie- para destinarlo a actividades productivas privadas, pero aquél igual mantiene en amplios sectores, un alto grado de naturalidad. Esta condición se ha mantenido amparada por la escasa presión demográfica en el interior del país y por el carácter extensivo de la explotación ganadera. Como lo hemos escrito en el Plan Director, este grado de naturalidad no corresponde estrictamente al ambiente original, sino al resultado de la evolución durante 500 años de una estrecha y dinámica asociación entre los herbívoros vacunos y ovinos introducidos (que desplazaron a los cérvidos nativos) con la vegetación autóctona.

Cuando las actividades productivas han derivado hacia la agricultura, en el caso de Bañados del Este con el arroz como cultivo dominante, o cuando la ocupación con fines turísticos invadió desordenadamente la franja costera, el ambiente original se alteró en mayor grado.

Desde nuestro punto de vista, los mayores daños y conflictos ambientales se produjeron cuando, en ausencia de normas de ordenamiento territorial, se impuso una visión de corto plazo, que procuraba sólo el beneficio inmediato.

La ocupación casi total del territorio en términos de producción económica y su carácter privado en un muy alto porcentaje, nos conduce necesariamente a diseñar para Uruguay una propuesta de Reserva de Biosfera diferente a una mera suma de áreas protegidas.

Tal como ya lo hemos expresado, no se trata de preservar la naturaleza manteniéndola aislada de la actividad humana, sino de conservarla conciliando el beneficio económico con la conservación ambiental. Debe haber un diálogo y una síntesis entre ambos componentes: sólo un alto grado de conservación ambiental asegura un beneficio económico a largo plazo.

Este enfoque coincide con lo expresado en la Estrategia de Sevilla, en donde se lee bajo el título de El Planteamiento de Sevilla para el Siglo XXI: "Así, las reservas de biosfera están a punto de poder asumir una nueva función. No sólo constituirán, para la gente que vive en ellas y en sus alrededores, un contexto para desarrollarse plenamente en equilibrio con el medio natural, sino que también contribuirán a responder a las necesidades de la sociedad en su conjunto mostrando el camino hacia un futuro más sostenible. Esta idea es el núcleo de nuestra concepción de las reservas de biosfera en el siglo XXI".

Por eso hemos insistido en recordar que una Reserva de Biosfera es una oportunidad de crear un escenario de reconciliación entre los seres humanos y la naturaleza, en donde se identifiquen y ensayen un abanico de propuestas de desarrollo sustentable.

Para muchos, cada vez en mayor número, la conservación ambiental está asociada a valores éticos de respeto y amor a la vida y de responsabilidad intergeneracional.

Pero hoy todos, los que tengan o no esa sensibilidad, deberían concordar que esa preocupación tiene que ver con la calidad de vida y la salud de la población y con el potencial desarrollo futuro del país. Se dice con frecuencia que, una nación relativamente pequeña como Uruguay, debe hacer una fuerte apuesta a la calidad. En tal sentido, nuestro propio grado de naturalidad debe ser incorporado como un plus económico que nos permita la promoción de productos diferenciados de calidad natural, la utilización inteligente de nuestras especies nativas o la oferta de circuitos de alto valor ecoturístico. A mediano y largo plazo implicaría también la conservación in situ de nuestros recursos genéticos de flora y fauna, de múltiples e impredecibles aplicaciones.

Frente a la actual crisis de la producción agropecuaria tradicional, las alternativas hacia el desarrollo sustentable se nos presentan hoy como parte sustantiva de una respuesta necesaria de reconversión productiva del país.

A nuestro juicio, dichas alternativas, una vez identificadas y validadas, deberían ser objeto de beneficios tributarios y financieros, que contribuyan a su estímulo y consolidación. Con objetivos de desarrollo tal vez más restringidos, el país tiene experiencia al respecto, si se piensa en el sector forestal y en el vitivinícola.

En el campo, la sustentabilidad social -mantener una población en el interior del país en condiciones de buena calidad de vida- dependerá de manera creciente de nuestra capacidad para desarrollar alternativas ambiental y económicamente sustentables.

Para ese manejo cuidadoso y eficiente de los recursos naturales precisamos, asociada a una alta sensibilidad social, más ciencia y más y mejor tecnología que nos permita manejar el ambiente sin agredirlo, ni mutilarlo.

Una Reserva de Biosfera es un escenario para ensayar ese camino. De paso, como dice Eduardo Blasina en El Observador Agropecuario (30/06/2000): "En el corto plazo ayudaría a que alguien nos crea cuando decimos que somos un 'país natural'."

Ing. Agr. Álvaro Díaz
Director de PROBIDES






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